La amistad es una de esas bondades de la vida que la hacen muy disfrutable y querida, porque los amigos nos devuelven, muchas veces los pies de la tierra, y son como bien lo nombra el dicho, la familia que escogemos y que nos reconforta cuando estamos vencidos. La cura para la soledad es un buen amigo, ese que no está solo para felicitarte, sino que también te regaña y te anima a mejorar, a creer en ti mismo y superarte de todo lo que aqueja o es un impedimento. 

Ese amigo que alarga su mano a nosotros y nos golpea en el hombro para que espabilemos y veamos la vida de otra manera, que todo puede ser diferente si no lo proponemos. Sí, los amigos son un faro de luz en un mundo oscuro, pero también nosotros debemos ser cálidos con ellos, pues así como nos acompañan en penas y alegrías, por igual debemos corresponderles al estrecharles la mano, o en un abrazo, lo único que hay en la tierra para expresar y comprimir todo ese mundo de emociones y pensamientos.

Definir la amistad, o decir un horizonte sobre esta es una tarea inútil, por eso aquí solo ilustramos, pintamos en palabras ese panorama de un gesto amable entre dos personas que, pueden no entenderse completamente, pero que están prestas para resolver y aportar un poco para mejorar la vida de otro que, también como ellos conoce el dolor, la alegría… la vida en sus facetas más simpáticas y horribles. En pocas palabras, alguien dispuesto a acompañarnos así el barco se esté hundiendo en un océano desconocido, ya para salvarnos, ya para decirnos, que no es tan desconocido y que aún estamos a tiempo para no hundirnos.

Aprovecha y dedícale unas palabras en los comentarios a ese buen amigo que te alcahuetea todas tus maldades. No dejes de compartir el post con tus más cercanos.

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