Oiga patrón, fíjese que el mucharejo de veintitantos años lo encontré perdiendo el tiempo; si viera, es de esos que ni mirándolo a los ojos uno alcanza a saber en qué parajes anda elevado. Yo sé que usted lo aprecia por su ánimo sosegado, pero después de conocerle, va a saber que es un tontorrón incontrolable y un desgarbado soñador. No solamente es flaco, pero así parecen hasta sus mismas acciones, flacas, desprovistas de cualquier fuerza; no cree en el señor, y aun así habla de él afectuosamente. ¿puede haber mayor incongruencia? Creo que tiene el cerebro frito, por todos los libros que usted le ha dado, pero ese descontento por la vida, ni crea que yo se lo voy a quitar, tareas de ese tipo, me generan repulsión. Ahora déjeme cuestionarle sobre lo siguiente patrón: ¿le ha conocido usted alguna relación? No, en realidad ¿lo ha escuchado alguna vez, siquiera, hablar de alguien? Es fastidioso estar con él en una habitación por su silencio, a todos nos molesta la oscuridad de su mirada y sobre todo ser presa de sus pensamientos.

Créame que no hemos tenido un invitado más molesto que él.

Aquí también quisiera dejar constancia de las cosas que escribe y de las que usted es en última instancia el único conocedor. No es por ser chismoso, pero ¿de qué le habla? ¿Acaso de sus pasiones? ¿de sus incansables sueños por abandonarlo todo? Créame que no hemos tenido un invitado más molesto que él; sus escasas palabras y sus opiniones cuasi filosóficas, atormentan y confunden a todos aquí; que nos ocupa nada más la servidumbre y que todo marche bien. Pero eso de andar pensando sobre lo uno y lo otro, no es más que majaderías de alguien que no tiene sustento, ni un auténtico qué hacer con la vida…

Responde al nombre de Adriano que muy gentilmente le permitiste conservar, que, por cierto, no sea que asuma posiciones de emperador, no solo por el trato que le das, sino por dejarle tener un nombre como ese, que recuerda el pasado histórico de otro, también Adriano. Sin embargo, las diferencias de uno y de otro, son tan lejanas, que es, para mí, un irrespeto considerarlo símil del anterior. Su apariencia a pesar de delgada, contiene una fuerza vital que, a veces, ni quiero estrecharle la mano, no sea que me chupe la vida. Ese rostro seco y quemado por el sol y de brazos larguiruchos, lo convierten en el espectro de su casa, señor. Es esta la imagen que tenemos todos aquí de él.

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