La vida nocturna en nuestra ciudad es bastante movida, desde restaurantes a bares, pasando por parques y aún casas. Medellín adquiere otro rostro más festivo y célebre en las horas más oscuras del día. No sólo porque es cuando la mayoría de sus habitantes descansan, sino por cierto misticismo que hay detrás de su noche que invita no sólo a caminarla, pero a disfrutar de su frescura y de un merecido descanso a la labor del día. Como puede intuir nuestro lector, este momento del día es muy especial no sólo por el delicioso sueño y el descanso, aquí hablamos de todos esos planes que se dan en la noche como salir a bailar, beber y charlar o solamente sentarse en el balcón de la casa de tu novia a ver la noche.

Detengámonos pues, en el evento más genérico y, tal vez, el más diciente: un par de amigos sentados en algún sitio con una vista si bien no paisajista, por lo menos considerable que amena cada sorbo de sus bebidas. Uno fuma su cigarro y escucha detenidamente a su amigo, lo estima y sabe que esas palabras que dice encuentran resguardo en él. Entiende que no necesita decir ninguna palabra, sólo debe escuchar atentamente y ocasionalmente hacerle una broma, o mostrarle el absurdo que ha mencionado, pero todo es para bien, para las risas, para la compañía y el silencio de esa ciudad que los mira en sus lámparas, vigilados por sus cámaras que nunca entenderán las discusiones de amor o de futuras decisiones.

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