El principio de la aventura está en dar un paso firme sobre un suelo desconocido, nuestro mundo con sus velocidades y afanes nos ha quitado la oportunidad de ir por el camino y que el camino ande con nosotros, es decir, el (des)encuentro, perdernos, e incluso disfrutar del camino sea porque se tiene una meta, o porque vamos a la deriva. Hay un término en francés que da cuenta de esos que andan por ahí por la experiencia de la vida callejera, esa al que el poeta francés Baudelaire llama como un Flâneur, un errante que va por la vida sin esperar nada más que la admiración de los detalles por donde va, detalles por lo demás, inútiles, pero que reportan para él , felicidades inauditas, voces que lo invitan a andar fugitivo por el infinito: se detiene a ver una ventana, porque le parece ver a la luz traslucirse a través del vidrio en sus propias ensoñaciones que son la calle misma, su tumulto, su soledad, su nada y su todo que se representa en los que pasan sin detenerse y los que se detienen; en sus abarrotes, sus colores y edificaciones, ¿con qué se queda el caminante?

¿Qué es lo más lejos que han caminado? ¿hasta dónde los han llevado esas patitas? Like y déjanos saber más de tus andarás en los comentarios.

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