Mi experiencia con la bicicleta se remonta al 2014, mi primer año de universidad, mi transporte se demoraba 30 minutos para ir desde mi casa hasta mi lugar de estudios, como soy estudiante, a veces toca quedarse hasta tarde haciendo trabajos y esos minuticos demás en la mañana son de un placer infinito y un descanso reparador muy necesario. Claro unos pocos minutos no hacen la diferencia, sin embargo el transporte público puede ser muy molesto, ya por los trancones que hacían que mi viaje tardará hasta una hora entera, como el tener que esperar a un bus que parece nunca llegar, o en el peor de los casos que el bus estaba repleto y no había espacio ni para respirar. Fue así que decidí comprarme una bicicleta con unos ahorros que tenía, tampoco era la gran cosa, era una bici sencilla, con cambios, y que me aguantara el clavo para mi recorrido de 7 km desde mi casa hasta la universidad.

Ese primer día en que salí a las 7:30 am de mi casa a la universidad sentí muchas náuseas y bastante temor, claro, el miedo de caerse o que un automóvil pueda lesionarte te pone los nervios de punta, pero es en realidad el movimiento y la velocidad de la ciudad la que me impactaba y me daba una combinación en mi estómago, entre náuseas y ansiedad que, me tenía muy alerta frente a cada cruce de las calles. Para venir hasta mi casa no hay ciclorutas, y las que hay ya se encuentran llegando al sector de mi universidad en Laureles y la avenida San Juan. Por aquellos días que no conocía bien el movimiento de las calles, sus rutas o por donde se van los propios ciclistas, me tiré por la misma ruta del bus “circular coonatra” que atraviesa el centro, pasa luego por Niquitao, baja por la 33, hasta llegar a la avenida Bolivariana. Así fue mi ruta por unos seis meses, y para volver a casa igual de escabrosa, seguía la ruta del bus de laureles que va hacia el centro. Esos meses fueron de mucha adrenalina, y por supuesto de mucho aprendizaje. Es decir, mi ruta no era la más adecuada, ni la más responsable, porque estaba muy expuesto a los carros, motos y buses de nuestra ciudad, menos mal, nunca me pasó nada y a quien sea que se vaya a aventurar como yo lo hice, le sugiero que hable primero con amigos conocedores que lo puedan enrutar y enseñarle los secretos de andar en bicicleta por Medellín.

Si bien yo no aprendí a las caídas, fueron los pitazos, el rugir de los motores y su smoke, lo que me llevó a reconocer lo alocado de mi ruta. Ya hoy por lo menos nuestra ciudad ha ampliado los km de bicirutas, y se puede andar por ellas con cierta tranquilidad, pero no está demás procurar nuestro cuidado y el de los demás. De solo recordar mi subida luego de clases a las 6:30 pm por todo San Juan para coger el palo me produce una sonrisa rota. Menos mal que existen los amigos, que me mostraron lo arriesgado de mi ruta.

¿Te has arriesgado a andar el centro en bicicleta? ¿recuerdas tu primera vez en bici por las calles de la ciudad? ¿Cómo fue tu experiencia? compártenos en los comentarios cómo te sentiste y no olvides compartir este post.

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