La casa vieja se levantaba en una esquina aún más vieja. Sobre su tejado a dos aguas aún reposan las decrépitas palomas que en tiempos de soles más vivaces recorrían con su blancura las montañas verdes de un Epifanio mal llamado loco. Esta casa se levanta sobre el suelo y sobre las alturas, como exigiendo a sus visitantes cierta veneración cuando, al perder la vista en los geranios de sus ventanas y balcones, frisos muy delicados sobre su fachada nos distraen. Solo los árboles son capaces de soportar las alturas en que, en las tardes de agosto, el viento hace su sutil danza entre ramajes y hojas verdes, por donde escapan delicados rayos de luz que dan brochazos sobre su frontispicio, donde ya se notan las canas de la pintura de tal vez más de cincuenta años.

Una vez que atravesamos su puerta de caoba, un olor a níspero nos conduce por interminables pasillos por donde se conjugan, salas, alcobas, patios y cocinas, que pareciera retoñar en el corazón una suerte de flor que, como el árbol de la entrada se balancea en el letargo de la soledad de esta casa. En una silla mecedora humilde en su segundo piso, con vista al patio lleno de plantas de la señora de la casa, se ve a su esposo esperar todos los días el sol de los venados, a esa hora en que la casa es solo sombras y una fantasmagórica esencia se apodera de ella.

Hay en la amplitud de esta casa un manifiesto sosegado de libertad que abunda hasta en sus muebles, la centinela mirada de las personas de sus cuadros parecieran cuidar de algo tan inasible que es difícil recordar que se tiene preocupaciones. En la cocina, una hermosa viejecita en la que doran los años como la tierra labrada, se escucha el tintinear de las losas chocantes mientras la levedad del agua acaricia sus manos ya cansadas de ilusiones fugadas.

Reclinados en uno de sus muebles inútilmente puede uno decir que habita esta casa, pues luego de vivir en ella, es la casa la que habita en uno y nos queda el consuelo, de finalmente entender el sentido de unos versos de Ruben Dario cuando dice:

El palacio soberbio que vigilan los guardas, Que custodian cien negros con sus cien alabardas, Un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¿Cómo es la casa de tus sueños, o mejor cómo es el hogar de tus sueños? Compártenos ese sueño en los comentarios.

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