En Prado Centro hay cierta variedad de árboles y plantas que relucen a cada paso; sin embargo hay dos tipos en especial que han llamado mi atención en el trasegar de mi vida. He encontrado que mis recuerdos del barrio han sido escritos por estas dos especies de árboles: la primera es la del guayacán amarillo; un árbol que creía me perseguía en cada esquina, pues en las mañanas, cuando mis padres me llevaban a la escuela, encontraba el suelo pavimentado por sus flores amarillas, sobre las cuales me gustaba deslizarme mientras sostenía la mano de uno de ellos; claro que no parecían disfrutar de aquel espectáculo y preferían tomar una calle diferente, o caminar con delicadeza, pues la vía era bastante resbalosa.

El ver un árbol completamente amarillo era sorprendente, ya que la costumbre era verlos forrados de color verde y coronados con unas flores multicolores; desde aquel entonces no he olvidado esos matices, ni el café rugoso de su madera, ni de lo mucho que se quejaban las personas que caminaban por la vía alfombrada con sus flores, mientras se resbalaban y “arriaban la madre”, ofuscados.

El segundo árbol que recuerdo tiene un significado especial para mí, pues de niño lo imaginaba como la bandera que se erigía en un castillo; en realidad tenía un valor mucho más grande, uno tan alto como él mismo, lo que significaba que había llegado a mi hogar. Yo vivía en un apartamento que queda en un cuarto piso, y era bastante mágico despertarme en la mañana, cuando sus ramajes y hojas filtraban con detalle los rayos del sol que llegaban a la pieza, a través de una vidriera en la ventana, armonizado con la visita de musicales gorjeos de todo tipo de aves. Sin embargo, la parte más idílica, era aquella hora de la tarde en la que el árbol soltaba sus dulces aromas y bañaba la cuadra con esa fragancia suave, dulce y fría con la que se revestía el lugar.

Aunque un poco alejado de esa realidad, hoy esos colores y perfumes hacen parte de mi paleta, mi pincel y mi pluma. Con los colores que pintaron mi alma, yo pinto los cielos de mis días más grises, con la policromía estampada en mis recuerdos; con sus seductores aromas bauticé mi pluma, y con las letras que nacieron como flores y hojas de sus ramales. Así, yo las recojo y las guardo en mi espíritu, para luego plasmarlas en el papel y evitar que se pierdan en el olvido.

¿Quieren compartirnos las fotos de sus plantas y árboles favoritos? Veamos cuál es el patrimonio natural de nuestro entorno. Patrimonio natural en dos árboles de nuestra ciudad.

0 0 vota
Valoración
Suscribirse
Notificar por
guest
0 Comentarios
Opiniones en linea
Muestra todos los comentarios