Es muy angustiante, estresante y doloroso saber que perdiste a tu mejor amigo, tu compañía de cuatro patas, alguien que hacía parte de tu familia, tus mejores momentos y que llenaba la casa de alegría, es duro enfrentar la pérdida de estos seres queridos, esta situación se vuelve muy difícil de sobrellevar.

Perder a mi perro fue una situación dolorosa, llevaba con él 17 años de mi vida, le entregué los mejores momentos, pero lo mejor fueron las experiencias vividas. Llegó el momento que partió a un mejor lugar, era un viejito hermoso, pero su corazón no soportó más. Lo primero que experimenté fue la negación que me amortiguaba el dolor, pensaba en él todo el tiempo, inclusive imaginé  que seguía conmigo;  vaya mala suerte, me estrellé contra el mundo cuando me di cuenta de que ya no estaba. Después de terminada esa etapa sentía ira y enojo, era una constante frustración al darme cuenta de que no volvería a verlo en mi vida, aparte me culpaba por no haber actuado de una mejor manera  en esta situación, me lamentaba de no llevar mejor las cosas. De pronto tocó a mi puerta la llamada depresión que invadía todo mi cuerpo, era una gran tristeza y sensación de vacío ocasionadas por perder a mi ángel. Sabía que esto no iba a durar toda la vida y empecé a aceptar esta pérdida, aprendí a convivir con el dolor y la ausencia.

Una sorpresa me llevé, descubrí que todo lo que estaba pasando era producto de un duelo,  etapas normales de la pérdida de una mascota. Aprendí a convivir con su ausencia y a medida que el tiempo pasaba lo iba superando. Comprendí poco a poco que superar un duelo no era evadir, por el contrario acepté el hecho de lo que pasó, hablé de mis sentimientos con personas allegadas, no podía callarlo porque  se convertiría en una bola de nieve, salí con mis amigos, les comenté lo sucedido, lloré, me dieron ánimo, me ayudaron a superarlo y al final celebré, recordé lo feliz que fui con mi mascota, que siempre tendría un lindo recuerdo que no dejaría de existir en mi mente y corazón pero supe que por muy duro que fuera, la muerte es un ciclo de la vida que tenemos que aceptar y evolucionar.

Foto: Nora Uotila

Esta historia tiene un final feliz, volví a conocer el amor adoptando una hermosa perrita que en el momento tiene un año y medio, recordando claro está con mucho amor la anterior mascota, pero sin quitarme la posibilidad de entregar de nuevo todo mi cariño, dándole la oportunidad de un hogar a alguien que sin pensarlo lo dará todo por ti. Cuida mucho a los animales, no los maltrates, tenles paciencia, dales muchísimo amor y cariño.

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