Es muy triste ver el río Medellín, ese recurso hídrico tan importante de nuestra ciudad; es como lo han calificado algunos: el muerto más grande que tenemos. A pesar de los esfuerzos de EPM para filtrar y limpiar las aguas del río, aún es mucha la contaminación que recibe de quebradas, cañadas y en especial de las medianas y grandes empresas que desechan en él buena parte de sus aguas residuales, además de las aguas residuales que le aporta la ciudad. Es de notar que hay ciertas intenciones y esfuerzos por darle una nueva vida al río, sin embargo estos no son lo suficientemente efectivos. Las plantas que construyó EPM no dan abasto para la limpieza del río, porque muchos de sus afluentes siguen siendo fuentes de gran contaminación, y de mucho olvido, por parte de nosotros que arrojamos nuestras basuras a sus caudales y del Estado que los ve como las cloacas que se llevan todos sus desperdicios.

Foto: Jorge Gomez

Parece un imposible, pero hubo un río Medellín o llamémoslo según el nombre de sus pobladores originales: el río Aburrá, donde la gente disfrutaba de reposar y disfrutar sus riberas, de admirar a pescados guppy esconderse y revolotear por el agua. Aún en Medellín hay personas mayores que vieron al río en su estado más majestuoso, de su verdadera forma, de su más bella naturaleza. Hasta aproximadamente la Medellín de los años 40 el río era un espacio para el regocijo de los habitantes del territorio, pero con el desmedido crecimiento poblacional y de la industria este ya se había convertido en el lugar en que convergían las aguas negras de todo ese universo. Para 1950 la contaminación del río era tal, que el alcalde encargado de la época José María Bernal diría esto del estado del recurso hídrico:

[…] Los que hemos vivido en Medellín toda la vida, podemos recordar fácilmente lo que era este pueblo hace 20 o 30 años, y de todo corazón excusamos a nuestros padres por no haber previsto los tremendos problemas de toda índole que hoy confrontamos. En aquel entonces el Río era capaz de absorber cualquier cantidad de aguas negras que pudiéramos imaginar, era diversión de los domingos el baño en el Río a todo lo largo del valle, y aun en la quebrada Santa Helena. Hoy las aguas al nivel del Hospital de San Vicente, carecen en absoluto de oxígeno, están saturadas de mugre y hacen imposible, ya no el baño, sino la vida animal. Los sitios que entonces constituían paseos del día entero como el Jordán, Las Estancias, El Edén, y el Raizal, son ahora parte de la gran ciudad, que apenas ayer no era concebible. Recuperado de: AHM, Fondo Alcaldía, proyectos y varios, 1950, t. 89, f. 693. 

Hoy son muchas las iniciativas que buscan recuperar al río, con nostalgia y con conciencia son muchas las voces de diferentes sectores que claman porque se le devuelva la vida, pero la labor es muy grande, y no por grande quiere decir imposible, pero falta muchísimo interés no solo del Estado, pero de todos los habitantes de Medellín, para algún día, verlo resucitar. Muchos se alegraron por aquellos días en el inicio de la pandemia por lo que captaron las cámaras de muchos usuarios y era el río aparentemente cristalino, pero nada más lejos de la realidad, con uno o dos días no basta para limpiar un río, tan olvidado y usado para el beneficio de algunos.

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