De rostro huraño y estirado, los cabellos apenas se sostienen en su cabeza como dándole paso a un yermo campo. Nariz angulosa, sus orejas se alzan como campanas y apenas parecen percibir los tintineos de las viejas suelas de acero. Los anteojos, dignos de un coleccionista moderno, corresponden a los de un hombre que ya no halla verdades entre los suyos, sino en las más recónditas letras de un anaquel bibliotecario. Época aquella en que los vestidos eran baratos, en este retrato llevas uno, y por lo que cuenta la historia, todos, hasta los más degenerados podrían llevar uno y pretender ser de otros lares, de otras manchas, de tiempos en que poder usar pantalón largo era signo de haber alcanzado plena conciencia y hombría, de cambiar su pasado. ¿Qué tiene de diferente tu Colombia a la ahora? Pues si en ese tiempo reinaba el ruido de los fusiles, ahora hay que sumar que escuece el silencio de las conciencias vacías, todos renunciaron al pensamiento, todos creen ser dueños de su razón, pero pocos saben de la nada que los bordea. Decisiones dicen, razones argumentan, motivos rezan, el corazón hinchado en penas ya no es capaz de ver claramente sus propios deseos y pasiones. El velo ardiente de emociones que son querellas más que sentimientos nos recuerdan a tus tiempos barbáricos donde no decir, ser y actuar como el partido y la iglesia lo exige significaba ser expulsado a las más oscuras tinieblas.

José María Vargas Vila

Haber escrito en tu tiempo y llegar a ser parte de la selecta lista del index librorum prohibitorum era mejor y más delicioso que cualquier premio nobel o ser editado por…  el estruendo de las mentes libres, muchos te llamaron, adolescentes curiosos por lo erótico que declamaban tus líneas vieron a su país desnudado, a sus padres y próceres ignorantes y a sus profesores como unos viles mentirosos, ¿de qué Colombia te nutriste? que al caminar por la avenida Jiménez en Bogotá, uno se siente arrinconado por los murmullos de tus tiempos en que, con las mejillas acaloradas, señoras “felizmente” escandalizadas, chismeaban sobre la nueva publicación del hombre que no dobla su rodilla ante ningún mortal. ¿Cómo habrías de reírte ante quienes te llamaban librepensador? Para ellos no hubo razón, ni siquiera emoción, únicamente las soledades amargas en que un contemporáneo narraría que a Latinoamérica no le basta con estar en las tinieblas y “límites del mundo” según torpes cronistas, a Latinoamérica y empezando con Colombia le es suficiente con ser la gran sombra, la parte del orbe donde el sol es más melancólico.

Conoces a otros autores prohibidos de leer, ya sea por los temas que tratan, o por las burlas que hacen de personajes nacionales y religiosos. Déjanos saber tus recomendaciones en los comentarios.

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