La historia de la ciudad de Medellín empieza por ubicar geográficamente un lugar maravilloso, el valle de Aburrá como punto de paso de la diferente topografía antioqueña y que se conectaba con la capital de la provincia de Antioquia, Santa fe de Antioquia. Dicho lugar, tenía características muy ventajosas tales como: el ser un lugar plano, el encontrarse rodeado de montañas y de estar atravesado por un río que los surcaba de sur a norte, fertilizándolo.

Debemos anotar que la ciudad de Santa fe era una hermosa urbe de estilo colonial, habitada por hidalgos que explotaban gran parte de la región minera de la provincia y que ostentaba el honroso título de capital de esta. Estos ricohombres fueron favorecidos con títulos de posesión de tierras en el valle de Aburrá, que abarcaba desde lo que hoy se conoce como la estrella en el sur, hasta Barbosa al norte. Allí fueron conformando fincas que además de servirles de lugar de recreo, también los proveían de una rica agricultura y una próspera ganadería.

Una de las más fértiles y ricas dehesas en todas las Indias […] contiene gran número de ganados, ovejas, caballos. Yeguas y mulas y produce excelentes vegetales y hortalizas […] Ellos cosechan aquí grandes cantidades de maíz y cuatro o cinco variedades de frísoles, algunos de ellos mejores y más grandes que los frísoles caballo […] Cultivan en abundancia patatas (dulces); tienen colmenas en los árboles, sin cuidado o esfuerzo; y en la tierra hay cerdos monteses y domésticos y toda variedad de ganados. (Parsons, 1950, citado en Botero, 1996, p. 14)

Con el correr de los años aquellos terratenientes se fueron trasladando definitivamente a este próspero valle, despoblándose entonces Santa fe. Vale la pena recordar los nombres primigenios de los distintos poblados que había, como: Aná, San Lorenzo, La tasajera (Copacabana), La culata (San Cristobal), Itagüí, Santa Gertrudis (Envigado), Hato viejo (Bello), Hato grande (Girardota), La estrella, Belén y la Granja (América).

Iglesia de Santa Gertrudis, Envigado 1912. Fotografía: Biblioteca Pública Piloto, Archivo personal de Jaime Osorio Gómez

Al adquirir una gran importancia y poblamiento, el valle de Aburrá debido a la emigración del poder económico, se gestionó ante la reina regente Ana de Austria, la fundación en el progresista valle, de una ciudad como efectivamente sucedió, nominándola “La villa de nuestra señora de la Candelaria de Medellín”. Este último como homenaje al noble Pedro Porto Carrero y Luna, conde de Medellín.

El historiador James Parsons, narra lo acontecido sobre la emigración masiva de Santa fe de Antioquia, hacia el valle de Aburrá:

Solamente diez y ocho vecinos permanecían en la antigua capital cuando el Concejo, en sesión especial en 1670, encontró a considerar los posibles remedios a la pérdida continua de población, que había dejado la ciudad sin quien deseara tomar sobre sí los deberes de Alcalde. (Parsons, 1950, citado en Botero, 1996, p. 15)

Adquirió tal importancia la nueva ciudad que a la postre resultó como capital de la provincia de Antioquia; y fue creciendo no sólo en habitantes, en comercio, en cultura y sobre todo en industria, que empezó a escalar las montañas del oriente, conectándose con poblaciones, ya destacadas, como Rionegro, Marinilla, La ceja, etcétera, imponiéndose sobre todas ellas. Fue supremamente importante el intercambio comercial que se suscitó entre la nueva capital y los otros pueblos de oriente, sobre todo con Rionegro, con el que se tuvo el llamado “Comercio forastero” que  describen los historiadores  con grandes detalles, dando a entender la importancia de este. Cabe reconocer la gran importancia que ha tenido Rionegro como punto estratégico, pues llegó a superar a veces a Medellín, ya que era un lugar de paso obligado del movimiento comercial.

Pasados 100 años de la fundación de la villa de la candelaria, llega a ella el oidor Mon y Velarde que propicia un sin número de obras que van a repercutir en un avance positivo como se puede atestiguar con el resumen de Luis Latorre Mendoza (2006):

Echó las bases del Hospital San Juan de Dios; hizo romper las primeras cañerías y trajo a la población el agua potable; decretó la construcción del primer puente sobre el río; hizo formar la nomenclatura y numeración de las calles y casas; estableció un matadero público y reconstruyó la casa capitular. P.53.

Y para finalizar, debemos destacar el aspecto de las viviendas de la ciudad de Medellín, que pasaron de ser casas de tapia y techo de paja a casas de dos pisos de madera en cuyo primer piso, se asentaba el comercio y en el segundo las oficinas. Las viviendas familiares eran casonas de amplios corredores rodeados por las habitaciones y amplias salas y en el centro ostentaban unos patios llenos de jardines y de flores.

Bibliografía.

  • Botero, F. (1996). Medellín 1890-1950. Historia Urbana y juego de intereses. Medellín: Universidad de Antioquia.
  • Latotrre, L. (2006) Historia e historias de Medellín. 3ª edición semifacsimilar, Medellín: Fondo Editorial ITM.

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